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miércoles, 25 de enero de 2012

Arreglar en tiempos revueltos

BILBAO / “La crisis no beneficia a nadie”. A pesar de que la creencia popular apunta a todo lo contrario, María Martínez lo tiene claro. Lleva diez años al frente de su boutique de arreglo de ropa de Deusto y a ella, el frenazo de la economía solo le ha perjudicado. “Existe un miedo generalizado a perder el puesto de trabajo, así que ahora se renuncia a lo que antes era imprescindible”.

Subir el bajo de una camiseta puede costar unos cinco euros. Es uno de esos detalles que con las crisis se ha vuelto prescindible: “Nunca me habían dicho que no a un presupuesto y solo hoy me han rechazado cuatro”. Es normal, asegura, puesto que la ropa nueva no se vende y, por tanto, tampoco se arregla, aunque confiesa que ahora “se hace un consumo más lógico”.

Su clientela habitual es gente trabajadora desde los veinte o treinta años hasta la gente mayor que ya no puedo hacer esos arreglos por sí misma. O al menos así era. En estos últimos meses María ha notado un cambio: “Antes venía más gente joven, pero muchos ahora no tienen trabajo o temen perderlo y aprovechan esa arruga o esa camiseta más larga para estar a la moda”.

Tampoco los zapateros
Pero el de las costureras no es el único gremio de los que se supone han salido bien parados con la crisis. Aunque resisten mejor, los zapateros no se sienten especialmente beneficiados en momentos como este. Así lo considera José García, zapatero de barrio de 52 años, que asegura que el ritmo de trabajo se mantiene igual que otros años: “El calzado bueno se sigue arreglando, pero el malo se tira cuando se estropea”.

La misma opinión tiene Joseba Koldo Palacios. Tras treinta años ejerciendo la reparación de calzado, reconoce que no son el gremio más castigado. “Buena parte de nuestro negocio se basa en la conservación y reparación de piel y esos trabajos se siguen haciendo”. Asegura que hay quien arregla el calzado chino, de peor calidad, “aunque mucha gente se queja de que le cuesta más el arreglo, que el propio zapato”.

Según Joseba Koldo, aunque se hace algo menos de reparación, la gente con mal de pies prefiere arreglar cueste lo que le cueste: “Se resiste mejor el parón de la economía porque la gente prefiere reparar la calidad”.

*Este texto es uno de los ejercicios realizados para el máster en Periodismo Multimedia de la UPV/El Correo

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