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domingo, 18 de marzo de 2012

El cerebro del metro

El cerebro del metro
Una pantalla de unos diez metros de largo por tres de alto preside la sala de control de Metro Bilbao / EL CORREO
400 cámaras, 43 kilómetros de túneles y 36 unidades en circulación. Un plano de la red de unos diez metros de largo por tres de alto preside la sala de control de Metro Bilbao. Aquí se recibe toda la información referente al suburbano. Un código de luces verdes y amarillas refleja la posición exacta de cada tren en cada momento.

Seis personas se ocupan de su vigilancia. Nadie les molesta. La sala está cerrada con llave y solo el supervisor del servicio, responsable máximo de la circulación, puede autorizar el acceso. Ni siquiera los trabajadores de la compañía ajenos al puesto pueden entrar si el supervisor no les autoriza. Su silla preside el centro de la sala. Está vacía. Hoy es un día tranquilo. El sistema está automatizado por lo que, en realidad, el equipo de control entra en activo solo en caso de problemas. En caso de incidencias, el sistema recalcula los tiempos, pero es necesaria la presencia reajustar la circulación para causar el menor impacto posible en la circulación.  

Problemas en red
El cruce de Etxebarri es el de mayor tráfico de la red. Es punto de acceso a los talleres y el ajetreo de convoyes es constante. Como promedio, un tren cada dos minutos y medio. El sistema electrónico que lo hace posible es muy complejo y resulta complicado encontrar el lugar exacto de avería. Y es aquí donde el alto grado de informatización de la red se convierte en un ‘problema’: cada incidencia afecta a todo el metro.

La responsable es la red IRIS, un sistema que detecta los problemas en el tren y los bloquea en caso de no funcionar correctamente. Hasta tal punto, que el mal cierre de una puerta puede bloquear su salida, retrasando la circulación en la totalidad de la red. Es lo que ocurre cuando se avería un tren. El jueves 23, un tren averiado en Abando obligó a parar la circulación durante quince minutos, trasladar el convoy a los talleres y cambiar de sentido uno de los trenes que se circulaba hacía Basauri, para no acumular más retrasos. Todo pese a la importancia del mantenimiento. De lunes a jueves y durante las horas sin servicio, unas 180 personas se encargan de comprobar que todo funcione correctamente.

También se cuidan los trenes, que cada dos años son desmontados pieza a pieza. “La gente se piensa que es como tener un Clio”, dice Uxune Iriondo, empleada de Metro Bilbao. No es así, cada uno de los trenes está fabricado únicamente para Metro Bilbao y solo podría circular aquí, asegura una portavoz de la compañía.

El suburbano bilbaíno también tiene en cuenta la atención al cliente, que poco a poco se va integrando en el puesto de mando. "Antiguamente no se tenía en cuenta al usuario. Se consideraba que lo único importante era que el servicio funcionase bien. Ahora, se pretende unificar todo", asegura una portavoz de la compañía.

*Este texto es uno de los ejercicios realizados para el máster en Periodismo Multimedia de la UPV/El Correo

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