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domingo, 15 de julio de 2012

Las conservas de Candás, a la puerta de casa

Los comerciantes de la feria local buscan nuevas fórmulas para ampliar mercado, como la venta a domicilio

Empezó el jueves, pero el mal tiempo de los últimos días no le había permitido brillar en todo su esplendor. La XXIII edición de la Feria de la Conserva de Candás vivió ayer su tercera jornada de mercado con gran afluencia de público. «Empezó tranquilo, pero se ha ido animando». Jose Luis Pérez está al frente del expositor de Rueda y aunque hay turistas, la mayoría son «clientes habituales».

A mediodía, cuando muchos llegan, otros ya se van. La de ayer fue una mañana de compras. A María Teresa Conlledo, vecina de la villa, las primeras horas de mercado le sirvieron para reponer la despensa. Viene acompañada por su marido y se van con cinco bolsas de plástico repletas: una caja de bonito en aceite, una de bonito troceado, una de cogotes, dos latas de anchoas y una decena de conservas de paté de varias clases. En total, 350 euros.

No todos salen tan bien provistos. Evaristo Llaca y Alvarina Rodríguez son un matrimonio de La Calzada, en Xixón. «Venimos mucho por aquí. Nos hemos acercado a ver qué hay, pero tampoco compraremos mucho». Solo algún capricho, cuentan.

La edición mantiene su número de expositores en dieciséis, que buscan nuevas fórmulas para ampliar mercado. Entre ellos, se encuentra un debutante, Rubén Lavandera, de la conservera Arlequín. Es de Xivares. La gente del concejo le conoce, así que, aunque sea su primer año, confiesa que le «está yendo muy bien». Vino con unos 20.000 euros en productos. Algunos ya se le han agotado. Y eso que el mal tiempo les obligó a cerrar ayer durante casi cuatro horas. Su puesto está flanqueado por dos motos antiguas de color rojo. La del lado izquierdo, con una cesta de mimbre sobre el sillín: reparte a domicilio. Ésa es su principal baza. «Ya me ha llamado gente de Ribadesella para hacerme encargos».

En la feria, nadie se queja de las ventas, porque aquí también se habla de crisis. A los expositores, todo el mundo les pregunta lo mismo: «¿Y éste qué precio tiene?». Milagros y Consuelo Monsonís pasean de puesto en puesto. Son hermanas y catalanas. Desde hace cinco años veranean junto a sus maridos en una casa de Sotrondio. Es la primera vez que pasan por el mercado. «Hemos comprado alguna cosa. Los precios están bien, aunque en las marcas más conocidas, se paga la calidad», explica Consuelo.

Todos los expositores presentes en esta edición coinciden en algo: «No está la cosa como para andar subiendo». Tampoco para bajarlo. Inma Artime representa a la conservera Solano Arriola. Lleva cuatro años con las tarifas congeladas. Es de Candás. Explica que la gente de la villa acostumbra a comprar directamente en sus almacenes y que más que el precio, lo que funciona es «el boca a boca».

*Publicado en 'El Comercio' y elcomercio.es el domingo, 15 de julio de 2012

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